EL HISTÓRICO SELLO COMBAT RECORDS REGRESA BAJO NUEVA DIRECCIÓN.

 

El legendario sello estadounidense Combat Records, pieza clave en la historia del metal extremo, prepara su esperado regreso este año bajo la nueva propiedad de Robert Dujmusic, ex dueño de Eternal Sound Records, y el productor independiente Alex Stojak.

Para muchos fans, Combat Records es sinónimo directo del auge del thrash metal en los años 80. El sello fue hogar de algunas de las bandas más influyentes del metal y el punk, teniendo como estandarte principal a MEGADETH, además de nombres fundamentales como HELSTAR, CIRCLE JERKS, EXODUS y NUCLEAR ASSAULT, entre otros artistas que ayudaron a definir una era completa de la música pesada.

Tras una serie de cambios de propietarios y varios intentos fallidos de reactivación, Combat Records entró en un prolongado estado de inactividad a mediados de los 2000. Su catálogo terminó absorbido por Sony, mientras que la marca como tal desapareció del mapa. En 2016, el entonces bajista de MEGADETH, David Ellefson, junto a su socio de ese momento Thom Hazaert del EMP Label Group, realizó un extenso trabajo de investigación legal para recuperar la propiedad intelectual del nombre Combat Records y devolverlo al entorno de EMP.

A partir de enero de 2026, el sello iniciará oficialmente una nueva etapa bajo la dirección de Alex Stojak y Robert Dujmusic, operando desde su nueva oficina central ubicada en Gotinga, Alemania. Ambos propietarios cuentan con experiencia previa en producción audiovisual y gestión musical independiente, y prometen una visión moderna sin perder el respeto por la herencia del sello.

Según se ha confirmado, Combat Records ya ha ampliado su infraestructura más allá del formato tradicional de discográfica, abarcando áreas como distribución, prensa, festivales y giras, y ha anunciado una primera tanda de lanzamientos que incluirá tanto bandas consolidadas como oportunidades de desarrollo para nuevos artistas. El equipo también incorpora a Nicole Wendeborn, ex socia de Eternal Sound, quien asumirá el rol de A&R manager, y a Christian “Opus” Lawrence —ex baterista de CRO-MAGS y actual miembro de DEAD BY WEDNESDAY y TANTRIC— como responsable de la gestión en Estados Unidos.

Dujmusic, quien anteriormente estuvo al frente del ahora inactivo Eternal Sound Records y de la agencia de giras Heavyspace, se refirió así a la adquisición: “Es el honor de mi vida poder continuar el legado de una parte tan importante de la historia del heavy music. Estoy realmente emocionado por todo lo que se viene. Combat está de vuelta”.

Por su parte, David Ellefson también expresó su respaldo al nuevo rumbo del sello: “Es tranquilizador saber que la marca Combat Records ha caído en las manos correctas y que continuará creciendo con Christian y Rob al mando”.

Las próximas novedades, incluyendo anuncios oficiales de lanzamientos y actividades, serán reveladas a través del nuevo sitio web de Combat Records y sus renovadas redes sociales, cuyo lanzamiento está previsto en breve.

El arte visual asociado al relanzamiento tiene como referencia una ilustración de Melody Myers realizada en 2017, cortesía de O'Donnell Media Group / Combat Records, reforzando el vínculo entre el pasado glorioso del sello y su nueva etapa.

Hablar de Combat Records es hablar del momento exacto en el que el thrash metal dejó de ser un ruido subterráneo para convertirse en una fuerza imparable. En los años 80, cuando el metal extremo todavía se movía entre cintas demo, fanzines fotocopiados y escenarios improvisados, Combat entendió algo fundamental: esa música necesitaba estructura, distribución y, sobre todo, confianza.

Mientras otros sellos dudaban, Combat apostó. Apostó por bandas que sonaban más rápidas, más agresivas y menos complacientes que cualquier cosa que la industria estaba dispuesta a aceptar. MEGADETH fue su estandarte más visible, pero no el único. EXODUS, NUCLEAR ASSAULT, HELSTAR y muchas otras encontraron en Combat un refugio creativo donde no se les pidió suavizar bordes ni sacrificar identidad.

Lo verdaderamente revolucionario de Combat Records no fue solo su catálogo, sino su filosofía. El sello funcionó como un puente entre el underground y el mundo profesional sin diluir la crudeza del thrash. Sus lanzamientos mantenían una estética feroz, un sonido directo y una actitud que conectaba con una generación cansada del metal pulido y prefabricado. Combat no vendía rebeldía: la documentaba.

En una época en la que el thrash competía con el glam, el heavy tradicional y las primeras sombras del metal comercial, Combat ayudó a consolidar un sonido que hablaba de paranoia, guerra, corrupción y rabia social. No era solo música rápida; era un reflejo de la tensión cultural de finales de la Guerra Fría. El thrash, tal como lo entendemos hoy, no se habría expandido de la misma forma sin sellos como Combat dispuestos a arriesgar capital y reputación.

El declive del sello en los 2000 fue también simbólico. Coincidió con una industria en transformación, con el metal extremo desplazado por modas pasajeras y con un mercado que ya no sabía cómo manejar la autenticidad. Por eso, el regreso de Combat Records no es solo una noticia empresarial: es un gesto histórico.

Su reaparición bajo nueva dirección plantea una pregunta clave para el metal actual: ¿puede el espíritu del thrash sobrevivir en una era dominada por algoritmos, playlists y consumo rápido? Si Combat logra mantener el equilibrio entre legado y presente, podría volver a ser lo que siempre fue: un catalizador para la música extrema con identidad.

Porque Combat Records nunca fue solo un sello. Fue una trinchera. Y el thrash metal, desde allí, aprendió a morder sin pedir permiso.



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