En una nueva conversación con el programa Slowhands Rock Talk Show, el baterista original de Slayer, Dave Lombardo, fue consultado sobre si él y sus compañeros de banda prestaban atención a lo que hacían los otros gigantes del thrash —Metallica, Megadeth y Anthrax— durante el auge del género en los años 80. Su respuesta fue clara y sin rodeos: sí, escuchaban todo lo que ocurría a su alrededor, pero nunca con la intención de copiar.
“Claro que lo hacíamos. Escuchábamos, analizábamos, absorbíamos lo que cada banda proponía. Era parte del proceso natural de crecimiento”, explicó Lombardo. “Pero después de eso, seguíamos adelante con nuestra propia identidad. Éramos SLAYER. Nunca hubo plagio ni intentos de replicar a nadie.” Según el baterista, su mentalidad en aquella época estaba enfocada en un objetivo muy concreto: convertirse en la banda más rápida, más pesada y más brutal del planeta.
Lejos de la narrativa de rivalidad que muchas veces se ha intentado imponer desde fuera, Lombardo recuerda aquellos años como una etapa marcada por la unión dentro de la escena. “Cada banda estaba tan concentrada en su propio mundo que no había necesidad de competir ni de caer en actitudes infantiles,” señaló. Incluso en los primeros días, cuando todo estaba comenzando, no existía esa tensión que muchos podrían imaginar. “Éramos simplemente metaleros. Una gran familia, como todavía se puede ver hoy. Había camaradería, todos compartíamos la misma visión: subir al escenario y darlo todo.”
Con el paso de las décadas, esa conexión no solo se ha mantenido, sino que en muchos casos se ha fortalecido. Lombardo destacó que aún conserva relaciones cercanas con numerosos músicos de la escena, incluyendo a figuras como Gary Holt y miembros de bandas como Exodus y Testament. “Nos conocemos desde hace toda la vida, y sigue siendo increíble mantener ese vínculo,” afirmó. Incluso recordó con cariño a amigos de su juventud que trabajaron como roadies en los primeros días de Slayer en locales del Sunset Boulevard, como el mítico Troubadour. “Aún sigo en contacto con ellos. Es algo realmente especial.”
En octubre de 2023, durante una entrevista con la revista Metal Hammer, Lombardo fue desafiado a elegir cuál era la mejor banda del llamado “Big Four” del thrash metal. Su respuesta, cargada de humor pero también de convicción, no dejó lugar a dudas: “SLAYER. ¡Ja! ¿A quién más podría elegir? Éramos brutales, estábamos en la cima de nuestro juego. Si ves los videos de esa época, estábamos en llamas. Le mostramos a todos cómo se hacía — arrasábamos con todo.”
Sin embargo, esa confianza nunca se tradujo en rivalidad directa. Ya en 2011, en una entrevista con Geeks Of Doom, el baterista desmintió categóricamente cualquier tipo de competencia entre las bandas del Big Four. “No puedo hablar por los demás, pero de mi parte nunca hubo rivalidad,” aseguró. “Nunca tuve problemas con ninguno de ellos.” Aunque admitió que dentro de algunas bandas podrían haber existido tensiones internas —especialmente entre músicos—, Lombardo dejó entrever que eso respondía más a egos propios de la juventud que a conflictos reales entre grupos.
De hecho, entre risas, sugirió que esas posibles fricciones podrían haber estado más relacionadas con los guitarristas. “Casi digo ‘guitarristas’,” bromeó. “Pero es que los bateristas solemos llevarnos mejor entre nosotros. Compartimos lo que hacemos, no hay secretos. En cambio, los guitarristas tienden a ser más reservados con sus trucos.” Para Lombardo, esa diferencia de actitud marcaba una línea interesante dentro del mundo musical de la época.
Ese mismo espíritu de comunidad fue especialmente evidente cuando las cuatro bandas compartieron escenario en una serie de conciertos entre 2010 y 2011. En declaraciones a la revista Revolver, Lombardo describió la experiencia como algo profundamente positivo: “Hay camaradería en este entorno. En el mundo del metal existe ese compañerismo, y es genial verlo reflejado en eventos así.” Además, destacó cómo estos encuentros ayudan a canalizar la energía colectiva de la escena, incluso cuando la música puede tener un tono oscuro, como en el caso de Slayer. “Hay algo positivo en todo esto, en la pasión por este estilo.”
En esa misma línea, el baterista de Metallica, Lars Ulrich, también rechazó la idea de una rivalidad vigente entre las bandas. Aunque reconoció que en el pasado pudo haber cierto grado de competencia, dejó claro que eso ya no forma parte de la realidad actual. “Cada banda tiene su propio espacio, su identidad. No se trata de quién es mejor, porque todos hacemos cosas distintas,” afirmó. Incluso fue más allá al elogiar a Lombardo con entusiasmo: “En la batería, Dave Lombardo es prácticamente un dios. Si hubiera competencia, él ganaría sin discusión.”
En los últimos años, Lombardo ha mantenido una agenda activa participando en diversos proyectos, incluyendo a Suicidal Tendencies, Misfits, Dead Cross y Mr. Bungle. Su salida de Slayer en 2013, tras no participar en una gira australiana debido a conflictos contractuales con la banda, marcó el cierre de una etapa clave en su carrera. Posteriormente, fue reemplazado por Paul Bostaph, quien ya había ocupado ese puesto entre 1992 y 2001.
A pesar de los cambios y el paso del tiempo, el legado de Lombardo y su papel en la historia del thrash metal siguen siendo indiscutibles. Una figura que no solo ayudó a definir el sonido de una era, sino que también fue testigo directo de una escena que, lejos de la rivalidad, se construyó sobre la base del respeto mutuo y la pasión compartida.


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