ALISSA WHITE-GLUZ ABRE UN NUEVO CAPÍTULO Y ASEGURA: “HE ENTREGADO MÁS DE LA MITAD DE MI VIDA A LA MÚSICA… Y SIENTO QUE RECIÉN ESTOY EMPEZANDO”.


Después de más de dos décadas dejándolo todo sobre escenarios de todo el mundo, Alissa White-Gluz siente que su historia apenas comienza. La ex voz de Arch Enemy, que recientemente dio el puntapié inicial a su carrera solista, compartió un extenso mensaje en redes sociales repasando su trayectoria y el camino que la llevó hasta este nuevo presente creativo.

“Llevo más de 20 años en esto”, escribió. “Empecé trabajando en teatro como diseñadora de escenografía, construyendo y pintando enormes decorados realistas. Cuando era adolescente asistía a incontables conciertos underground de metal y punk, y pensé que podría ayudar gestionando bandas locales.”

Lo que comenzó como un apoyo tras bambalinas pronto cambió de rumbo. En uno de esos círculos conoció a un grupo que necesitaba cantante. Por su cercanía con la escena, le pidieron ayuda para encontrar a alguien adecuado. Convencida de que no sería difícil, pronto descubrió lo contrario. Decidida a no regresar con las manos vacías, su mejor amiga —que sigue siéndolo hasta hoy— grabó una versión karaoke de “Crazy Train” en una grabadora Boss de ocho pistas en el sótano de su casa. Quemaron un CD a toda prisa y al día siguiente lo presentó como la audición de la “nueva cantante”.

“Tuve que preguntar si estaba bien que fuera una chica”, recordó, en un entorno donde prácticamente no había mujeres al frente de bandas extremas. Cuando el grupo escuchó la demo y preguntó quién era la voz, Alissa sonrió y reveló que se trataba de ella.

Desde entonces, su vida se convirtió en una carrera sin frenos: diseñaba y dibujaba a mano el merchandising, gestionaba fechas, componía música y letras, conducía la furgoneta con el tráiler a lo largo del continente, dormía en el vehículo soportando inviernos helados y veranos sofocantes junto a cuatro compañeros de banda, se aseaba en baños improvisados, se cambiaba antes del show dentro del remolque iluminado por una batería que su padre había adaptado para darle algo de privacidad, vendía el merch, gestionaba cifras de ventas, cuadraba cuentas con promotores, cargaba equipos, trabajaba en la ingeniería de canciones y, al regresar a casa, aceptaba empleos ocasionales para financiar la siguiente gira.

“He entregado más de la mitad de mi vida a la música hasta ahora”, reflexionó. “Y aun así, siento que recién estoy empezando de verdad.” También agradeció al equipo humano que la ha acompañado durante años: técnicos, colegas, contactos de la industria, amigos, familia y fans que han sostenido su recorrido.

Hoy, esa energía se materializa en el inicio oficial de su carrera solista con el lanzamiento de su nuevo single, “The Room Where She Died”, disponible a través de Napalm Records. Durante años, Alissa compartió material original y videoclips autoproducidos exclusivamente con su comunidad en Patreon. Ahora, siente que es el momento de abrir esa puerta al mundo entero.

En esta nueva etapa se une nuevamente a Oliver Palotai, miembro de Kamelot, con quien ya había colaborado y compuesto anteriormente. El resultado es una pieza que se aleja del molde más reciente asociado a su nombre.

“The Room Where She Died” exhibe toda la amplitud de su registro: voces limpias cargadas de matices y growls feroces conviven con una introducción orquestal, riffs memorables y hasta un interludio con tintes jazzísticos. Pesada y pegadiza a partes iguales, la canción revela una faceta distinta, sofisticada y ambiciosa.

Para Alissa, este sencillo representa mucho más que un estreno. “Marca el inicio de un nuevo capítulo”, explicó. “Nació desde un lugar de profunda creatividad y fuego renovado. Es el primer paso dentro de un mundo que he estado construyendo en silencio durante años.” Además de coescribir el tema junto a Palotai, también participó en la concepción del videoclip y pintó ella misma la portada del single.

La cantante reconoce que el proceso reavivó su pasión artística de una forma inesperada. Tras años perfeccionando su desempeño como vocalista, compositora e intérprete, siente que ha alcanzado un punto de madurez en el que su obra puede sostenerse por sí sola. “Volqué cada gramo de pasión, dolor y propósito en esta canción. Nunca me había sentido tan inspirada”, afirmó, agradeciendo la respuesta entusiasta de colegas, seguidores y de la comunidad metalera en general.

Con un solo lanzamiento, Alissa White-Gluz deja claro que no se trata de un experimento pasajero. Es el arranque de una nueva era para una de las voces más reconocibles del metal extremo contemporáneo. Y si algo queda claro tras su mensaje, es que la historia —lejos de concluir— apenas comienza.


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