PAUL BOSTAPH RECUERDA SU LLEGADA A SLAYER: “NO TENÍA QUE SER DAVE LOMBARDO, TENÍA QUE SER YO”.


El baterista de Slayer y del proyecto de Kerry King, Paul Bostaph, ha repasado uno de los momentos más decisivos de su carrera: su incorporación a la legendaria banda de thrash metal a comienzos de los años 90. En una entrevista con el videopodcast Drumtalk, conducido por el baterista alemán Philipp Koch, el músico profundizó en cómo desarrolló su característico estilo de redobles intensos entre toms y caja, que se hizo evidente por primera vez en Divine Intervention (1994), su debut discográfico con el grupo.

Bostaph recordó que aquel período fue clave en su evolución como músico. “Fue hace mucho tiempo, pero también fue mi primer disco como el nuevo baterista de SLAYER,” explicó. “Invertí muchísimo tiempo en mejorar mi forma de tocar, en convertirme en el baterista que la banda necesitaba.” El desafío no era menor: ocupar el lugar de Dave Lombardo, una figura fundamental dentro del sonido del grupo. Sin embargo, el propio Bostaph tenía claro su enfoque desde el inicio. “No quería entrar a la banda intentando ser él. Nadie puede ser Dave Lombardo. Es único. Lo importante era ser la mejor versión de mí mismo y darle a los fans lo que esperan.”

Su conexión con el público venía también desde su propia experiencia como fan. Para explicar esa presión, recurrió a un ejemplo muy concreto dentro del metal: la llegada de Nicko McBrain a Iron Maiden en reemplazo de Clive Burr. “Yo era fan de Clive Burr, pero cuando escuché ‘Where Eagles Dare’, pensé: ‘Ok, no me decepciones’. Y cuando arranca… ¡boom! Fue increíble,” recordó. Esa sensación de expectativa fue la que trasladó a su propio rol en Slayer. “Me dije: tienes que trabajar duro. No basta con ser el baterista que aceptaron en la banda. Tienes que superarte.”

El proceso de creación de Divine Intervention se extendió durante un año completo, un período que Bostaph utilizó como una meta personal de transformación. “Al inicio era el mismo baterista, pero al final del año, si me escuchabas, notarías un cambio enorme,” afirmó. Su filosofía era simple: la práctica constante es la clave para mejorar. No solo ensayaba con la banda durante horas, sino que llegaba antes para practicar en solitario, acumulando jornadas intensas de trabajo.

Además, destacó la importancia de tocar junto al grupo para alcanzar el nivel de intensidad necesario dentro del thrash metal. “Puedes practicar solo todo lo que quieras, pero tocar con la banda lleva esa energía a otro nivel,” explicó. Para él, la disciplina también implicaba saber cuándo detenerse: darlo todo en el ensayo y luego desconectar.

Una de sus rutinas más importantes era grabar cada ensayo con Slayer y revisarlo posteriormente. “Me llevaba las grabaciones a casa y analizaba lo que hacía,” reveló. Muchas veces, ideas que en un principio no funcionaban terminaban evolucionando en partes clave. Durante los fines de semana, cuando la banda no ensayaba, se dedicaba a pulir esos detalles por su cuenta, lo que le permitió llegar preparado a cada sesión.

Este método dio resultados concretos. Algunas de las partes más recordadas del álbum nacieron de manera espontánea en el estudio. Bostaph citó como ejemplo el final del tema “Dittohead”: “No lo había practicado. Simplemente ocurrió. Y pensé: ‘Eso lo quiero mantener’. Fue algo totalmente improvisado.” Así, el disco terminó combinando momentos cuidadosamente trabajados con otros surgidos de la intuición del momento.

En cuanto a su estilo dentro de Slayer, Bostaph explicó que no necesitaba replicar exactamente lo que hacía Lombardo, sino entender la esencia del sonido de la banda. “SLAYER tiene una forma muy particular de fraseo. Si colocas ciertas cosas en los momentos adecuados, la gente lo siente familiar, aunque sea diferente,” señaló. Para él, esa combinación entre respeto por el legado y personalidad propia fue clave para consolidarse en el grupo.

Su adaptación también se vio facilitada por haber girado previamente con la banda, interpretando tanto material clásico como canciones más recientes. “Eso me ayudó a entender qué funcionaba y qué no,” explicó, añadiendo que sin esa experiencia, el proceso habría sido mucho más largo.

Bostaph formó parte de Slayer entre 1992 y 2001, período en el que grabó cinco álbumes de estudio, incluyendo el mencionado Divine Intervention, el disco de versiones punk Undisputed Attitude (1996), Diabolus In Musica (1998), God Hates Us All (2001) —que obtuvo una nominación al Grammy— y posteriormente Repentless (2015). También participó en lanzamientos en vivo como War At The Warfield y The Repentless Killogy. Además de Slayer, su carrera incluye pasos por bandas como Forbidden, Exodus, Testament y Systematic.

En 2013, Bostaph regresó a Slayer tras la salida de Lombardo debido a disputas contractuales, retomando su rol dentro de la banda en una etapa final que culminaría con Repentless.

Mirando en retrospectiva, el baterista también recordó cómo fue aprender el estilo de Lombardo para la audición inicial. “Tuve que estudiar sus partes a fondo. No era mi estilo natural. Tenía que sonar lo más cercano posible a él,” explicó. Esa exigencia fue determinante para conseguir el puesto. Sin embargo, una vez dentro, el proceso creativo le permitió desarrollar su propia identidad.

Durante las giras iniciales, Bostaph fue ganando confianza junto a Jeff Hanneman y Kerry King. “Eran imperturbables en el escenario. Pero si hacías algo interesante, se daban vuelta a mirarte,” recordó. Esa interacción lo llevó a experimentar más con su interpretación, introduciendo elementos propios que finalmente fueron bien recibidos por la banda.

El propio King ha elogiado en múltiples ocasiones el trabajo de Bostaph. En una entrevista de 2015, lo describió como “una máquina”, destacando su fiabilidad y su importancia dentro del grupo. Más recientemente, también subrayó el impacto del baterista en Repentless, señalando que muchos fans valoran especialmente su estilo. “Hay seguidores que son fans de Bostaph en sí mismo, y eso es genial,” comentó, añadiendo que su desempeño en ese disco está a la altura de los grandes clásicos de la banda.

A más de tres décadas de su llegada a Slayer, Paul Bostaph deja claro que su legado no se construyó imitando a otro, sino encontrando su propio lugar dentro de una de las bandas más influyentes del metal extremo. Una evolución basada en disciplina, identidad y respeto por una historia que ayudó a continuar, pero también a redefinir.


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