El esperado regreso discográfico de Anthrax ya tiene una ventana tentativa: mayo de 2026. El nuevo trabajo de estudio verá la luz en Norteamérica a través de Megaforce Records y en Europa mediante Nuclear Blast, marcando así el final de una espera que se ha extendido por casi una década.
Las sesiones de mezcla —y parte de la grabación— se llevaron a cabo en el mítico Studio 606 de Northridge, California, propiedad de Dave Grohl. Para esta nueva etapa, la banda volvió a confiar en el productor Jay Ruston, responsable también de For All Kings (2016) y Worship Music (2011), dos discos que redefinieron la era moderna del grupo.
El bajista Frank Bello reveló recientemente que el lanzamiento está proyectado para mayo y no ocultó su entusiasmo. Según explicó, el nuevo material es extremadamente pesado y técnicamente exigente: hay pasajes realmente complejos de ejecutar, algo que, lejos de intimidarlo, lo motiva aún más. Para Bello, el desafío es parte esencial del ADN de Anthrax.
También dedicó elogios al vocalista Joey Belladonna, asegurando que su interpretación en este álbum es sencillamente demoledora. “No sé cómo puede seguir cantando así, pero lo está haciendo a un nivel impresionante”, vino a decir el bajista, visiblemente emocionado por el resultado final.
Bello dejó claro que quienes disfrutaron los dos últimos lanzamientos encontrarán aquí una evolución natural, pero con un paso más allá. Tras casi diez años desde el último disco, la banda sintió la responsabilidad de entregar algo que realmente justificara la espera.
El camino hacia este nuevo álbum no fue sencillo. La pandemia obligó al grupo a replantear su dinámica habitual. A diferencia de otras bandas que optaron por componer en tiempo real mediante videollamadas, Anthrax descartó esa opción por problemas técnicos como la latencia, que afectaba la sincronización y, sobre todo, la energía del momento.
Durante ese periodo intercambiaron archivos digitales, compartiendo ideas y demos a distancia. Una vez que fue seguro reunirse, Bello, el baterista Charlie Benante y el guitarrista Scott Ian retomaron su método tradicional: reunirse cara a cara, probar riffs, descartar lo que no funcionaba y pulir lo que tenía potencial.
El proceso, según describen, es casi artesanal. Primero la base musical, luego las melodías y finalmente las letras. Las decisiones se toman con un filtro riguroso: si una parte no fortalece la canción, se elimina, incluso si es una idea querida por alguno de los miembros. El ego queda fuera de la ecuación; lo único que importa es que la canción alcance su máxima potencia.
Bello reconoce que en una banda con tantas décadas de trayectoria, aprender a ceder es fundamental. A veces hay que aceptar que una idea no encaja, incluso si personalmente te apasiona. Ese equilibrio entre defender una visión y saber cuándo dar un paso atrás forma parte del engranaje creativo de Anthrax.
En diciembre pasado, la banda filmó el videoclip del primer sencillo del álbum, preparando el terreno para lo que será el inicio oficial de esta nueva era.
Por su parte, Benante no escatimó elogios hacia el material, asegurando que el disco sorprenderá incluso a quienes ya confían en la solidez del grupo. Según él, cuando finalmente ordenaron las canciones en la secuencia definitiva, el resultado fluyó de forma natural y contundente.
La relación con Jay Ruston se ha consolidado al punto de convertirse en una figura casi imprescindible dentro del proceso creativo actual. Benante incluso lo comparó con George Martin, el legendario productor asociado a The Beatles, subrayando el nivel de confianza y cercanía alcanzado.
En cuanto al apartado visual, Benante confirmó que terminó recientemente la portada del álbum junto al artista Mark Stutzman, conocido por su trabajo conceptual vinculado al ilusionista David Blaine. El resultado, según el baterista, es absolutamente psicodélico y diferente a todo lo anterior en la discografía del grupo.
A más de 40 años de su fundación en 1981 en Queens, Nueva York, Anthrax mantiene intacta la mentalidad de fan. Bello insiste en que nunca han dejado de verse como seguidores del metal antes que como veteranos consagrados. Ese espíritu crítico es el que les permite descartar riffs débiles sin dudarlo y apostar solo por lo que realmente les entusiasma.
Con once discos de estudio a sus espaldas, múltiples certificaciones de oro y platino, nominaciones al Grammy y giras globales desde 1984 —incluyendo actuaciones en el Madison Square Garden y el Yankee Stadium junto a los Big Four— la banda sigue buscando superarse.
Tras el renacimiento que supuso su participación en la gira de los “Big Four” junto a Metallica, Slayer y Megadeth, y el impacto que generaron Worship Music y For All Kings, el listón estaba alto. Sin embargo, todo apunta a que el nuevo álbum no solo cumplirá las expectativas, sino que podría redefinir una vez más el presente de Anthrax.
Mayo de 2026 se perfila, así, como el mes en que los neoyorquinos demostrarán que el thrash no entiende de calendarios ni de nostalgia: solo de canciones que golpean con precisión quirúrgica.


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